EL APEGO

CONDICIONES NECESARIAS PARA QUE SE FORME UN APEGO

Las condiciones mínimas para que un apego empiece a desarrollarse son:

– Que el neonato cuente con un repertorio suficiente de conductas de apego.

– Que esas conductas atraigan hacia él a los adultos y, como consecuencia, se establezcan entre ambos interacciones de tipo privilegiado.

– Que el recién nacido cuente con unas capacidades afectivas mínimas.

– Que el recién nacido cuente con unos recursos cognitivos mínimos, cuya maduración, ampliación y diversificación le permitan reconocer, discriminar, almacenar recuerdos y forjar expectativas respecto a su figura de apego.

1.1. Las conductas de apego como vehículo de la interacción

Por medio de estas conductas el recién nacido atrae a los adultos de su alrededor, incitándolos a la interacción, que constituye la base para la formación del apego.

Los niños con dificultades, prematuros…etc pueden tener un repertorio mas limitado de conductas de apego, manifestarlas con menor intensidad, .), lo que no tiene por qué impedir necesariamente la for­ mación del vínculo, pero sí representar un obstáculo, dificultando el proceso y retrasándolo.

A través de conductas como la sonrisa, la vocalización y el balbuceo, el seguimiento visual, los gestos faciales, el llanto, la conducta motriz, etc., los bebés indican a sus cuidadores cuándo y cómo deben relacionarse con ellos y cuáles son sus necesidades

Mirada, contacto ocular y seguimiento visual

Mirar a la madre es esencial para formar una imagen mental de la misma que nos permita reconocerla y discriminarla de otras personas, pero tam­ bién es un elemento clave para atraerla a la interacción.
Los recién nacidos a término y sin ningún tipo de problemas son capaces de establecer contacto visual y de seguir con la mirada objetos en movimiento desde los primeros días de vida. Además, muestran una tendencia innata a prestar mayor atención a los estímulos sociales, es decir, a la estimulación que procede de las personas (voz humana, rostro humano, caricias) antes que a cualquier otro tipo de estimulación.
el primer elemento en el que se fijan los bebés dentro de un rostro humano son los ojos, incluso si la persona que tienen delante está hablando

DISCAPACIDAD:

Algunas discapacidades impiden o alteran este proceso natural. Esto es muy evidente en el caso del niño ciego o con un daño visual severo, cuya incapacidad o capacidad disminuida para establecer contacto ocular y para el seguimien­to visual conduce a que el cuidador le mire menos.

Niño con síndrome de Down. Este último, debido a su hipotonía, sufre cierto retraso en el inicio del establecimiento de contacto ocular, presenta intercambios oculares de menor duración, no muestra preferencia por mirar los movimientos faciales y, a diferencia de los bebés normales, no tiende a explorar espontáneamente el rostro de la madre ni con los ojos ni con las manos.
Además el Down se retrasa en la atención sostenida hacia las personas y su menor capacidad de procesamiento tienen mayor dificultad para implicarse en interacciones lúdicas que les impiden a prestar atención a personas y objetos al mismo tiempo, esto tb les pasa a los prematuros.

La sordera también afecta al procesamiento visual, ya que pueden tener dificultades para atender visualmente al mismo tiempo a su cuidador y al entorno que le rodea, y si maximizan la exploración del entorno podrían parecer más evitativos de lo que realmente son.

Todas estas diferencias afectan negativamente al aprendizaje sobre el esquema facial, y consecuentemente al reconocimiento y al establecimiento del apego.

1.1.2. Sonrisa

La sonrisa, al igual que el contacto ocular, atrae a la madre a buscar proximidad con su hijo. Las sonrisas iniciales del bebé no son más que una manifestación de una sensación interna de bienestar, que aparece cuando éste se encuentra satisfecho y libre de incomodidades.

poco a poco el niño va dándose cuenta de los efectos que su sonrisa tiene sobre las personas de alrededor y aprende a utilizarla para desencadenar la interacción, surgiendo así la sonrisa de tipo social. Esta necesita refuerzo social para consolidarse.

DISCAPACIDADES.

Niños con distintos trastornos (síndrome de Down, retrasos en el desarrollo, parálisis cerebral) sonríen menos que los niños normales, y que probablemente por esta razón mientras la sonrisa respondiente de las madres de los niños normales se va incrementando rápidamente durante el primer año de vida, no ocurre lo mismo en las madres de niños con ciertas discapacidades.
Los niños ciegos no pueden apreciar visualmente la sonrisa de su madre, tienen más dificultades para detectar su presencia y no sonríen ante la voz de su madre hasta las cuatro semanas.

Síndrome de Moebius: grupo de niños que nacen con una incapacidad específica para sonreír.

LLANTO:

Durante el primer año de vida, mientras el niño aún no habla, el llanto es el mejor recurso para reclamar sus necesidades, sirviendo de estímulo para frecuentes interacciones. los niños con síndrome de Down lloran poco y sus intervalos de llanto son más breves y más pobres en elementos vocálicos que en los bebés normales, por lo que sus madres acaban interactuando menos con ellos, los
estimulan menos y refuerzan de este modo su natural pasividad.

Vocalizaciones, balbuceos y respuesta lingüística materna

Durante la etapa prelingüística, el niño, aunque no pueda emitir palabras, atiende de forma espontánea al lenguaje de los de su alrededor y se comunica con gestos y con sonidos, primero inarticulados,vocalizaciones (gorjeos, quejidos, arrullos, etcétera) y algo más adelante con balbuceos, es
decir, con sonidos que combinan una consonante y una vocal. Todos estos sonidos son fruto de su maduración y se diversifican y perfeccionan mediante la ejercitación y mediante el refuerzo de los adultos, cuando responden a ellos con otros sonidos, así como con contacto visual, sonrisas, etc.

El ciclo de refuerzo recíproco, en el que los balbuceos y vocalizaciones del bebé provocan respuestas lingüísticas de las personas cercanas, y a su vez esas respuestas de los demás refuerzan e incrementan las vocalizaciones y balbuceos del niño, puede verse alterado en quienes tienen una expresión prelingüística deficitaria, a causa de un retraso mental, hipotonía, sordera o varias de ellas a la vez.

Es posible que los adultos más próximos se desanimen infraestimulándole, o adopten un estilo comunicativo dominante y estimulador en exceso, intentando compensar su falta de iniciativa. Cualquiera de estas actitudes maternas es incorrecta y perjudicial.
A estas actitudes infraestimuladoras o directivas puede contribuir también la demora en responder por parte del niño discapacitado a las emisiones sonoras de los demás, en unos casos por sus dificultad es para procesar el mensaje cuando su deficiencia es psíquica, y en otros casos por sus dificultades para emitirlo, si tienen alguna dificultad relacionada con el aparato fonador o la motricidad en general.

Conductas procuradoras de contacto físico como cogerse o abrazarse:

Los experimentos de Harlow (1958) con primates demuestran que la sensación de calidez proporcionada por un contacto físico agradable es un elemento clave para la formación del apego, y los estudios de Schaffer y Emerson (1964) ponen de manifiesto que la clase de interacción que promueve un vínculo de apego es la socio afectiva, es decir, la constituida por sonrisas, miradas, caricias o abrazos, y no aquella que se limita a la satisfacción de las necesidades alimenticias o higiénicas.

Los niños con alteraciones en el tono muscular y en la movilidad tienen dificultades e impedimentos para moverse, asirse o abrazarse. Pero al mismo tiempo, al ser percibidos por sus padres como sujetos más frágiles, el temor de aquellos a hacerles daño les lleva muchas veces a evitar cogerles en brazos. Vargas y Polaino-Lorente (1996) señalan que la discriminación entre personas, indispensable para que el niño distinga a su figura de apego de los demás, se aprende de forma más rápida a través de unas modalidades que de otras, siendo la adquisición de la discriminación táctil-quinestésica la más temprana de todas. Este dato vuelve a apoyar la importancia del contacto físico para el establecimiento del apego.

Interacciones privilegiadas

Se suelen establecer con personas que pertenecen a la familia del niño, y especialmente con su madre o cuidador principal.

Se caracterizan por:
ser rítmicas, alternancia de momentos de interacción con momentos de desconexión, de fases de atención y desatención, de actividad y pasividad.

biológicamente condicionadas.

asimétricas es el adulto el que se adapta a ellas, el único que tiene intencionalidad, el que las controla y el que con frecuencia las provoca.

Especiales (interacción de tipo socioafectivo, con elevado grado de intimidad, lenguaje maternal, movimientos del bebé orientándose hacia su cuidador, vocalizaciones y expresiones faciales, etc.

Para que se forme el primer apego es necesario:
Sólo un mínimo de accesibilidad y de disponibilidad de los cuidadores para mantener interacciones, pero el grado de disponibilidad y accesibilidad influirá además en la calidad del mismo.

la discapacidad puede ser un factor que disminuya la posibilidad de iniciación de la interacción por parte del mismo, debido a una menor motivación o pasividad, a las alteraciones de su estado de alerta y a dificultades de tipo mental, sensorial y motriz.
A las dificultades que el niño discapacitado pueda tener para iniciar interacciones, se une en muchos casos la adopción por parte de su madre de una conducta más controladora durante las interacciones sociales, que puede contribuir a aumentar su pasividad.

Que las interacciones privilegiadas entre el niño discapacitado y su madre sean menos frecuentes que en el caso del niño normal no se debe únicamente a la menor iniciativa del niño , sino también a que gradualmente su madre va disminuyendo su capacidad de respuesta hacia él especialmente a medida que el niño se acerca a su segundo año de vida Esto se debe probablemente al progresivo desencanto por las expectativas frustradas: no se mantiene en pie, no anda, tiene menor capacidad de respuesta, y no empieza a emitir sus primeras palabras en el momento esperado.

Capacidades afectivas: empatía y sentimientos.

Las capacidades afectivas son un ingrediente básico para la formación de los vínculos, ya que son variados los sentimientos y emociones que acompañan a dicha génesis.

Los niños con retrasos psíquicos se retrasan también en su desarrollo emocional.

Desde el nacimiento, los bebés pueden expresar su interés por algo mirándolo fijamente, y así lo hacen por ejemplo cuando ven una cara humana.
Pueden manifestar igualmente su agrado y su desagrado si son expuestos a sabores u olores agradables o desagradables.
También expresan su bienestar mostrándose tranquilos y sonrientes, o su malestar por medio de quejas, llantos y alaridos.

Además de estos sentimientos primitivos, poseen una capacidad de empatía también primitiva, que se pone de manifiesto cuando un bebé llora al oír llorar a otros bebés, pero no si escucha su propio llanto grabado.

La inexpresividad y pasividad de los bebés con diversas discapacidades, condiciones ambas que pondrán trabas a los intercambios emocionales con estos niños.
Por ejemplo, en los niños con síndrome de Down se ha observado que aunque la secuencia de desarrollo afectivo es la misma que en los niños normales, sin embargo, el progreso a lo largo de las distintas etapas es más lento.

Debe tenerse en cuenta la dificultad añadida del impacto emocional que los padres y madres acusan al conocer los problemas de su bebé. Así, algunas madres confiesan que sus propios sentimientos son uno de los principales obstáculos para aceptar a sus hijos retrasados.

Capacidades relacionadas con el desarrollo cognitivo:

Ciertas capacidades relacionadas con el desarrollo cognitivo son indispensables para que llegue a establecerse una auténtica interacción entre el niño y su figura de apego, en la que ambos participen de forma activa y con clara intencionalidad.

El período durante el cual se va desarrollando el vínculo afectivo de apego los doce primeros meses aproximadamente corresponde al estadio de desarrollo cognitivo sensorio-motor de Piaget (1952), así denominado porque los progresos que en él tienen lugar se fundamentan en las capacidades sensorio-perceptivas y en las habilidades motrices.
Debe destacarse que en la mayoría de las discapacidades, tanto en las de tipo físico como en las de carácter mental, algunas o todas las capacidades y habilidades a las que se acaba de aludir están afectadas. Esta afectación puede tener repercusiones como mínimo sobre el tiempo requerido para formar el apego y algunas veces sobre su calidad.

La forma en la que contribuyen estas capacidades a la formación del primer vínculo de apego estriba fundamentalmente en que:

– Favorecen la interacción y su adecuado funcionamiento.
– Nos permiten prestar atención hacia el mundo y las personas.
– Nos ayudan a conocemos a nosotros mismos y a los demás.
– Nos ayudan a reconocer discriminar a las figuras de apego.
– Nos ayudan a almacenar información sobre las personas y las relaciones y a elaborar un esquema mental de las mismas.
– Nos ayudan a comprender el funcionamiento emocional propio y el de los demás.

Algunas de esas capacidades están presentes nada más nacer, y otras tienen que adquirirse, o por lo menos alcanzar un nivel mayor de desarrollo.

Acerca de Psyqué

Mielinizado, después de todos estos años que llevo aprendiendo, por fin, aprendo a aprender.
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